Pérez nunca salía. Se quedaba todos los días y noches en su casa. Se limitaba a pasar las horas reordenando su cuarto, hojeando algún libro o hablando en voz alta.
Como vivía solo generalmente mantenía conversaciones con él mismo para recordar la sonoridad de la voz humana.
Pérez no tenía obligación de salir de su hogar ya que tenía cubiertas todas sus necesidades básicas: trabajaba a distancia desde su casa y pedía todo lo necesario por correo o Internet.
Parecería que Pérez se podía trasladar siempre y cuando fuese dentro del perímetro de su propiedad.
Tenía noticias del mundo a través de los diarios, la radio o la televisión pero no mantenía ningún contacto real con otro ser humano.
Pérez tenía intenciones de salir pero existía algo que lo retenía. Sentía desde hacía un tiempo que algo no andaba bien. Con el tiempo empezó a perder el rastro de lo que sucedía en el exterior.
Entonces, con el lento pasar de sus horas, Pérez comenzó a relacionarse con otro tipo de realidad. Comenzó a sentir que algo se había generado. Empezó a entender cosas que nunca había pensado.
Pérez se fue elevando hasta transformarse en ente. Ahora, se mantiene en el aire, impávido, como la niebla que vive sobre los pantanos.
martes
Libro de la Memoria, volumen uno
LN recordó que junto a NS, a los cuatro ó cinco años de edad, tenían como color preferido el verde.
Y recordó que un día, NS le informó que su color preferido había cambiado, que de ahora en más el suyo sería el rojo. LN vivió esa noticia como una traición.
La camaradería que los unía, a partir de pensar que el color verde constituía la mejor opción de todas, de alguna forma se había modificado, se había disuelto.
Y recordó que un día, NS le informó que su color preferido había cambiado, que de ahora en más el suyo sería el rojo. LN vivió esa noticia como una traición.
La camaradería que los unía, a partir de pensar que el color verde constituía la mejor opción de todas, de alguna forma se había modificado, se había disuelto.
domingo
El deseo nos persigue a toda costa.
La promesa de la saciedad de nuestros deseos nos apura.
Para alcanzar la virtud en nuestra época se debe renunciar a toda oferta.
Porque uno sale a la calle y es interpelado, interrogado, afirmado, cuestionado por las publicidades en radio, TV, diarios e Internet.
Interrogados a comprar y satisfacernos.
Cada vez más fácil, cada vez más barato, cada vez más rápido.
Casi no se deja crecer al deseo.
Mejor, el deseo por algo no ha crecido aún, no se nos ha manifestado aún, y ya tenemos frente a nuestras narices, ojos, oídos y culos, la oferta de satisfacción.
¿Y qué pasa si no queremos satisfacernos? O al menos en el corto y mediano plazo ? Qué sucede si contestamos: prefiero esperar.
Yo paso.
Romántico ? Moderno ? Ingenuo ? No lo sé.
Tal vez, lo que pretendo es poder saber qué es lo que quiero antes que me ofrezcan mil opciones, fáciles, económicas para alcanzar lo que podría gustarme, podría interesarme, podría serme útil.
Para alcanzar la virtud en nuestra época se debe renunciar a toda oferta.
Porque uno sale a la calle y es interpelado, interrogado, afirmado, cuestionado por las publicidades en radio, TV, diarios e Internet.
Interrogados a comprar y satisfacernos.
Cada vez más fácil, cada vez más barato, cada vez más rápido.
Casi no se deja crecer al deseo.
Mejor, el deseo por algo no ha crecido aún, no se nos ha manifestado aún, y ya tenemos frente a nuestras narices, ojos, oídos y culos, la oferta de satisfacción.
¿Y qué pasa si no queremos satisfacernos? O al menos en el corto y mediano plazo ? Qué sucede si contestamos: prefiero esperar.
Yo paso.
Romántico ? Moderno ? Ingenuo ? No lo sé.
Tal vez, lo que pretendo es poder saber qué es lo que quiero antes que me ofrezcan mil opciones, fáciles, económicas para alcanzar lo que podría gustarme, podría interesarme, podría serme útil.
lunes
adentro
Despertó, fue al baño y el espejo, como era costumbre, reflejó su rostro.
Aquel espejo le resultaba especial porque luego de despertarse, día tras día, anunciaba que él era él, que lo seguía siendo.
La claridad del agua que fluye en un arroyo.
Miró al espejo y se saludó. Empezó a conversar con la imagen espejada pero rápidamente se sintió incómodo y terminó desistiendo de tal inútil proyecto.
Damos un paso, el horizonte se aleja mil.
Se miró al espejo y sintió –como un falso despertar- que detrás del cristal se encontraba otra persona. El espejo le hablaba con especial claridad y velocidad vertiginosa.
El horizonte, extenso, dibuja la delgada línea de un cristal filoso.
Una vez más: despertó antes de lo acostumbrado debido a la intensa luz que entraba en la habitación. Esa claridad, que en un principio lo hostigaba, ahora lo bañaba y protegía.
La claridad inspirada por ciertos rayos del sol.
Una vez más: despertó y, ni bien logró cierta conciencia, quedó asombrado por la extraña luz que se filtraba a través de los cristales amarillos de las ventanas de su cocina.
La claridad, nuevamente.
Una vez más: despertó y observó que todos sus cajones estaban abiertos.
Al cerrar uno de ellos encontró en su interior gran cantidad de pequeños cristales rotos. Y recordó cuando en su infancia aprendía a andar en bicicleta. Un día, mientras la montaba, pisó unos vidrios rotos, la rueda delantera de su bicicleta pinchó, perdió estabilidad y, al caer, apoyó sus manos en los vidrios. Con sus manos ensangrentadas regresó a su casa llorando, llamando a su hermana y sus padres.
La angustia en la garganta, la asfixia.
Al cerrar el último cajón, tuvo la impresión de que a lo largo de su vida, en un sentido figurado, había cerrado cajones una y otra vez. Pensó también que si lograse abrir dichos cajones, obtendría miles de historias para contar.
Lo secreto, lo indecible que queda sepultado en un cajón bajo llave.
Cerrados ya los cajones recordó a Salvador Dalí y una de sus pinturas donde el tiempo se dilata, los relojes son blandos y los cajones están sostenidos por frágiles varillas. En aquellos paisajes todo se borraba y transfiguraba. La imaginación se convertía en la anfitriona del espectador.
La claridad en el ocaso, la oscuridad en el alba.
Luego de comer algo, se recostó a descansar y, sin darse cuenta, volvió a dormirse. Soñó que los cajones nuevamente se abrían. Él volvía a cerrarlos pero en cuanto se daba vuelta, los cajones salían de forma automática, vengándose, como muebles hechizados.
Perderse en un jardín inglés.
Una vez más: despertó recordando un sueño de horizontes inalcanzables, que luego olvidó. Todo se borraba, pensó, todo se diluye.
Lo secreto, nuevamente.
Miró al espejo por última vez y salió a la calle.
Y se dio cuenta al fin de que había buscado el horizonte, añorado la claridad de algunas horas del día, mirado demasiados espejos, guardado palabras en cajones, que se había cortado con cristales y que había querido despertar ya encontrándose despierto.
La claridad de algunos sentimientos que no hace falta explicar.
Ya en la calle, caminando, salió hacia afuera.
Aquel espejo le resultaba especial porque luego de despertarse, día tras día, anunciaba que él era él, que lo seguía siendo.
La claridad del agua que fluye en un arroyo.
Miró al espejo y se saludó. Empezó a conversar con la imagen espejada pero rápidamente se sintió incómodo y terminó desistiendo de tal inútil proyecto.
Damos un paso, el horizonte se aleja mil.
Se miró al espejo y sintió –como un falso despertar- que detrás del cristal se encontraba otra persona. El espejo le hablaba con especial claridad y velocidad vertiginosa.
El horizonte, extenso, dibuja la delgada línea de un cristal filoso.
Una vez más: despertó antes de lo acostumbrado debido a la intensa luz que entraba en la habitación. Esa claridad, que en un principio lo hostigaba, ahora lo bañaba y protegía.
La claridad inspirada por ciertos rayos del sol.
Una vez más: despertó y, ni bien logró cierta conciencia, quedó asombrado por la extraña luz que se filtraba a través de los cristales amarillos de las ventanas de su cocina.
La claridad, nuevamente.
Una vez más: despertó y observó que todos sus cajones estaban abiertos.
Al cerrar uno de ellos encontró en su interior gran cantidad de pequeños cristales rotos. Y recordó cuando en su infancia aprendía a andar en bicicleta. Un día, mientras la montaba, pisó unos vidrios rotos, la rueda delantera de su bicicleta pinchó, perdió estabilidad y, al caer, apoyó sus manos en los vidrios. Con sus manos ensangrentadas regresó a su casa llorando, llamando a su hermana y sus padres.
La angustia en la garganta, la asfixia.
Al cerrar el último cajón, tuvo la impresión de que a lo largo de su vida, en un sentido figurado, había cerrado cajones una y otra vez. Pensó también que si lograse abrir dichos cajones, obtendría miles de historias para contar.
Lo secreto, lo indecible que queda sepultado en un cajón bajo llave.
Cerrados ya los cajones recordó a Salvador Dalí y una de sus pinturas donde el tiempo se dilata, los relojes son blandos y los cajones están sostenidos por frágiles varillas. En aquellos paisajes todo se borraba y transfiguraba. La imaginación se convertía en la anfitriona del espectador.
La claridad en el ocaso, la oscuridad en el alba.
Luego de comer algo, se recostó a descansar y, sin darse cuenta, volvió a dormirse. Soñó que los cajones nuevamente se abrían. Él volvía a cerrarlos pero en cuanto se daba vuelta, los cajones salían de forma automática, vengándose, como muebles hechizados.
Perderse en un jardín inglés.
Una vez más: despertó recordando un sueño de horizontes inalcanzables, que luego olvidó. Todo se borraba, pensó, todo se diluye.
Lo secreto, nuevamente.
Miró al espejo por última vez y salió a la calle.
Y se dio cuenta al fin de que había buscado el horizonte, añorado la claridad de algunas horas del día, mirado demasiados espejos, guardado palabras en cajones, que se había cortado con cristales y que había querido despertar ya encontrándose despierto.
La claridad de algunos sentimientos que no hace falta explicar.
Ya en la calle, caminando, salió hacia afuera.
domingo
correspondencias
1
dulce ................................marmolado (dando vueltas)
salado ..............................blanco seco
agridulce .........................gris y verde y azules
amargo ...........................marrón obscuro (pero no se puede ver)
agrio .................................amarillo con mucha luz
picante............................ transparente punteado
2
dulce, .................................y sigue dando vueltas. tierno, de agradable compañía
salado, ...............................un poco fuerte, y sin más palabras. una pantalla que absorbe
agridulce, ...........................vida en colores. variado, para elegir. es divertido / no se mareen
amargo, .............................oculto. desconocido pero latente. distante / expectante
agrio, ..................................mucha luz nos rechaza, es difícil quedarse, incómodo
picante, ...............................imposible predecir. cambio / infinidad / desequilibrio
dulce ................................marmolado (dando vueltas)
salado ..............................blanco seco
agridulce .........................gris y verde y azules
amargo ...........................marrón obscuro (pero no se puede ver)
agrio .................................amarillo con mucha luz
picante............................ transparente punteado
2
dulce, .................................y sigue dando vueltas. tierno, de agradable compañía
salado, ...............................un poco fuerte, y sin más palabras. una pantalla que absorbe
agridulce, ...........................vida en colores. variado, para elegir. es divertido / no se mareen
amargo, .............................oculto. desconocido pero latente. distante / expectante
agrio, ..................................mucha luz nos rechaza, es difícil quedarse, incómodo
picante, ...............................imposible predecir. cambio / infinidad / desequilibrio
bosques de alba
llenan la extensión
por donde la sangre
llegó al labio
y la carne entró por lo ojos
que la promesa
que el horizonte
convirtió en mermelada
y luego en palabras
esperando un comienzo
llenan la extensión
por donde la sangre
llegó al labio
y la carne entró por lo ojos
que la promesa
que el horizonte
convirtió en mermelada
y luego en palabras
esperando un comienzo
viernes
piedra abierta
Se extiende la piedra
y el pecho se arrodilla
las manos amamantan
hombro de piedra,
seno de vida
el alma se flexiona
hasta los tobillos
el ánimo se inclina
acompaña el espíritu
codo de olvido,
pubis de pecado
los cuerpos atardecen
los suspiros esquivan
cuellos de sangre,
piel de perfume
y rodilla con rodilla,
beso con labio
abdomen terciopelo
piedra blanca, piedra blanda
se encaprichan los corazones
con sonrisas de azúcar
hablan los cuerpos, respiran las mentes
la piedra se abre
yo, mirra y sol.
y el pecho se arrodilla
las manos amamantan
hombro de piedra,
seno de vida
el alma se flexiona
hasta los tobillos
el ánimo se inclina
acompaña el espíritu
codo de olvido,
pubis de pecado
los cuerpos atardecen
los suspiros esquivan
cuellos de sangre,
piel de perfume
y rodilla con rodilla,
beso con labio
abdomen terciopelo
piedra blanca, piedra blanda
se encaprichan los corazones
con sonrisas de azúcar
hablan los cuerpos, respiran las mentes
la piedra se abre
yo, mirra y sol.
apología
Ya conocemos las virtudes del dulce de leche, ya reconocimos el ingenio en creaciones tan disímiles como la birome y las huellas digitales. Aunque a la mayoría se le pase por alto, nos enorgullecemos frente a la investigación sobre los anticuerpos monoclonales, ya que ese descubrimiento también, lleva, imborrable, el sello nacional.
No obstante, permanece oculto, rezagado, un genial invento, que debería ocupar el centro de la escena, un merecido lugar de reconocimiento. Tal vez algunos ya sospechen a lo que estoy haciendo referencia. Sí, señores, estoy hablando del fabuloso y genial binomio del Queso y Dulce. Aquella combinación inigualable de sabores opuestos como lo dulce y lo salado. Esa ancestral alquimia que calma la más terrible de las ansiedades.
Ahora bien, quienes no conocen ni probaron aún tal delicioso invento y se dignen a experimentarlo deberán saber que se lo suele encontrar en dos variedades. Queso fresco y dulce de membrillo, también conocido como “Postre Martín Fierro”, o queso fresco y dulce de batata, también llamado como “Postre Vigilante”. Si me apuran un poco, debo confesar que me inclino hacia la última opción.
Pero quiero destacar sobre todo el placer concomitante a la experiencia de comer este delicioso postre. Me refiero a la necesidad de mancharse y pegotearse los dedos, de “enchapetarse”, como dirían mis antepasados turcos. Porque después de todo, hay que tomar contacto con la comida apelando a todos nuestros órganos y nuestros sentidos.
Y hablando de antepasados, deseo rescatar esa sana cualidad proveniente de la cultura gastronómica española e italiana: el sabor de lo simple -si puede decirse tal cosa. Una justa elección de los elementos apropiados para preparar las comidas. Muy a lo lejos de aquellas bazofias inglesas llenas de especias sin sentido.
Por eso, rescato ese algo cremoso, ácido y dulce, con esa única textura, que logran ese placer que nos remontan a las mesas familiares de algún verano porteño, donde un padre le ofrece a su inexperimentado hijo uno de los pequeños secretos, que constituyen –luego de tanta interpretación- la sal de la vida.
No obstante, permanece oculto, rezagado, un genial invento, que debería ocupar el centro de la escena, un merecido lugar de reconocimiento. Tal vez algunos ya sospechen a lo que estoy haciendo referencia. Sí, señores, estoy hablando del fabuloso y genial binomio del Queso y Dulce. Aquella combinación inigualable de sabores opuestos como lo dulce y lo salado. Esa ancestral alquimia que calma la más terrible de las ansiedades.
Ahora bien, quienes no conocen ni probaron aún tal delicioso invento y se dignen a experimentarlo deberán saber que se lo suele encontrar en dos variedades. Queso fresco y dulce de membrillo, también conocido como “Postre Martín Fierro”, o queso fresco y dulce de batata, también llamado como “Postre Vigilante”. Si me apuran un poco, debo confesar que me inclino hacia la última opción.
Pero quiero destacar sobre todo el placer concomitante a la experiencia de comer este delicioso postre. Me refiero a la necesidad de mancharse y pegotearse los dedos, de “enchapetarse”, como dirían mis antepasados turcos. Porque después de todo, hay que tomar contacto con la comida apelando a todos nuestros órganos y nuestros sentidos.
Y hablando de antepasados, deseo rescatar esa sana cualidad proveniente de la cultura gastronómica española e italiana: el sabor de lo simple -si puede decirse tal cosa. Una justa elección de los elementos apropiados para preparar las comidas. Muy a lo lejos de aquellas bazofias inglesas llenas de especias sin sentido.
Por eso, rescato ese algo cremoso, ácido y dulce, con esa única textura, que logran ese placer que nos remontan a las mesas familiares de algún verano porteño, donde un padre le ofrece a su inexperimentado hijo uno de los pequeños secretos, que constituyen –luego de tanta interpretación- la sal de la vida.
del mar
no importa
estoy sobre el océano
el mar me atrae, revuelvo las costas / las rocas vuelan
y camino boca abajo al cielo / siento venir la marea
la ola me lleva a tantos lugares, sigo ahí cuando
arena cae y estoy ahí para pasar
luego me sumerjo y voy a otro lugar
unas estrellas me tocan / voy con ellas / sirenas / no vuelvo
me envuelvo con la bruma. la espuma de mar me sostiene
no caigo, confío en el mar
y vuelvo a volar conmigo. no llevo periódico. solo alas
es normal ser ligero cuando el azul rodea
si cerrás los ojos seguís viendo corales / arrecifes
solo puedo ir hacia ellos. cuando sopla la brisa viajo nuevamente hacia mí
y no me protejo. abro puertas / dejo mi ser entrar
comenzar una ola para seguir con la que viene
y no juzgarlas ya que son todas hermosas
la ostra, el muelle, la bahía son bellos
ellos se tienen solo y yo miro a gusto
porque me envuelven en frazadas tibias / sábanas caen de arriba hacia abajo / no miro
y no importa si soy celeste, azul, verde o azulado
entiendo la marea. ella siempre es. y no hay más
solo tierra y luz / pluma y roca / sol y luciérnaga
solo los cangrejos caminan
solo el caracol calla
solo la medusa escapa
solo el escorpión se esconde
nada más menos. eso así
confiar en el mar es pensar esperanza
tratar de estar es dejarse llevar y volver
pensar es recordar
volver hacia sí no es llamar a otro / siempre habrá alguien esperando el alba
cuando vueles, recuerda no olvidar
y llegar y llegar / siempre / es posible ?
entiendo el engaño ?
no importa
luciérnaga, luciérnaga
estoy sobre el océano
el mar me atrae, revuelvo las costas / las rocas vuelan
y camino boca abajo al cielo / siento venir la marea
la ola me lleva a tantos lugares, sigo ahí cuando
arena cae y estoy ahí para pasar
luego me sumerjo y voy a otro lugar
unas estrellas me tocan / voy con ellas / sirenas / no vuelvo
me envuelvo con la bruma. la espuma de mar me sostiene
no caigo, confío en el mar
y vuelvo a volar conmigo. no llevo periódico. solo alas
es normal ser ligero cuando el azul rodea
si cerrás los ojos seguís viendo corales / arrecifes
solo puedo ir hacia ellos. cuando sopla la brisa viajo nuevamente hacia mí
y no me protejo. abro puertas / dejo mi ser entrar
comenzar una ola para seguir con la que viene
y no juzgarlas ya que son todas hermosas
la ostra, el muelle, la bahía son bellos
ellos se tienen solo y yo miro a gusto
porque me envuelven en frazadas tibias / sábanas caen de arriba hacia abajo / no miro
y no importa si soy celeste, azul, verde o azulado
entiendo la marea. ella siempre es. y no hay más
solo tierra y luz / pluma y roca / sol y luciérnaga
solo los cangrejos caminan
solo el caracol calla
solo la medusa escapa
solo el escorpión se esconde
nada más menos. eso así
confiar en el mar es pensar esperanza
tratar de estar es dejarse llevar y volver
pensar es recordar
volver hacia sí no es llamar a otro / siempre habrá alguien esperando el alba
cuando vueles, recuerda no olvidar
y llegar y llegar / siempre / es posible ?
entiendo el engaño ?
no importa
luciérnaga, luciérnaga
miércoles
-
-
-
Un hombre que hablaba solo por la calle vio
a una mujer hermosa quien, al pasar al lado suyo, le devolvió una vivaz sonrisa.
Un hombre que acariciaba a un perro observó
a un hombre mayor barriendo la vereda de toda su cuadra
La música pensaba en la pintura
La poesía quería hacer un regalo
Alguien pensaba en otra persona
Una mujer que suele expresar gratuitamente su felicidad de vivir pensó
en un niño susurrando sus miedos y verdades en el oído de su padre
Binomios extravagantes, Cosas inútiles
Que van salvando al mundo
-
-
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Un hombre que hablaba solo por la calle vio
a una mujer hermosa quien, al pasar al lado suyo, le devolvió una vivaz sonrisa.
Un hombre que acariciaba a un perro observó
a un hombre mayor barriendo la vereda de toda su cuadra
La música pensaba en la pintura
La poesía quería hacer un regalo
Alguien pensaba en otra persona
Una mujer que suele expresar gratuitamente su felicidad de vivir pensó
en un niño susurrando sus miedos y verdades en el oído de su padre
Binomios extravagantes, Cosas inútiles
Que van salvando al mundo
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viernes
mientras las noche duerme
yo velo por ella
merodeo mi jaula dibujo fantasmas
mientras la ciudad murmura
interpreto su voz
escucho su pregón
los dedos se mueven solos
los pensamientos se suceden como las olas del mar
mientras la noche pasa yo paso también
mientras la noche duerme
yo arrullo las calles
peino los asfaltos
coso las persianas
y juego a la geometría
un gato blanco me robó los sueños
y un chico en África vive dormido
yo velo por ella
merodeo mi jaula dibujo fantasmas
mientras la ciudad murmura
interpreto su voz
escucho su pregón
los dedos se mueven solos
los pensamientos se suceden como las olas del mar
mientras la noche pasa yo paso también
mientras la noche duerme
yo arrullo las calles
peino los asfaltos
coso las persianas
y juego a la geometría
un gato blanco me robó los sueños
y un chico en África vive dormido
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