viernes
Oración gestáltica
tú haces lo que haces.
No vine a este mundo a cumplir tus expectativas.
Tú no viniste a cumplir las mías.
Yo soy yo.
Tú eres tú.
Si por suerte nos encontramos
será maravilloso.
Si no, no tiene remedio"
Fritz Perls.
jueves
Claves para impactar a su audiencia
Hable despacio
Haga mención de los libros que leyó
En lo posible, mencione qué tipo de ediciones son.
En lo posible de lo posible, mencione si se trata de una traducción.
En lo posible de lo posible de lo posible, critique al traductor.
A continuación
Mencione un concepto que su audiencia no sepa.
Mencione el mismo concepto, traducido al francés.
Para un mayor impacto, mencione el concepto traducido al alemán.
Para un mayor impacto, mencione el concepto en latín.
Para un mayor impacto, mencione el concepto en griego.
Para un mayor impacto, hable sobre Platón.
Para un mayor impacto, hable sobre Aristóteles.
Es importante seguir el orden de los impactos.
Quien ya sepa algo de francés, seguramente se verá obnubilado por lo que un griego pensaba cuatrocientos años antes de que naciera Jesucristo.
Para que la audiencia no se harte de sus peroratas, diga algo gracioso relacionado a los conceptos antes mencionados.
A continuación,
si aún no provocó el impacto que buscaba,
escriba en el pizarrón.
Dibuje flechas.
Escriba los conceptos.
Más tarde, dibuje círculos que engloben esos conceptos escritos.
Variaciones sobre Cómo impactar a su audiencia:
Cuando diga el concepto, grite.
Si existe cierto porcentaje de su audiencia que no le prestó atención hasta ese entonces, a partir del grito, muy posiblemente lo hará.
Más Variaciones sobre Cómo impactar a su audiencia:
Cuando diga el concepto, mencione a continuación una larga lista de sinónimos del mismo.
En lo posible, dígalos con un tono lastimoso y con cierta rima.
Trate de encontrar a la hora de guionar su discurso la mayor cantidad de sinónimos posibles.
Mensaje para futuros impactadores:
Recuerde que usted es el amo y señor del concepto mencionado.
Aunque usted no lo haya inventado o desarrollado, usted lo dice mejor que nadie, mejor que su audiencia.
Y recuerde que lo importante es dejar en claro que usted sabe más y mejor, aunque de lo que se trata es que usted leyó antes y en repetidas ocasiones.
viernes
Susurrar al oído
Rompe tus muros, entonces construirás
Aprende a aguardar, entonces irás
Déjate caer, entonces en pie estarás"
Lothar Kempter
martes
Cómo somos con Internet ?
¿Puede la tecnología recrear la totalidad de los canales que conforman una comunicación? ¿Puede hablarse de comunicación mediante tecnologías multimedia? ¿Equiparará la virtualidad a la realidad? ¿No era (la comunicación) una comunión entre subjetividades?
Interrogantes tales acuden a mi mente tras leer a Jean Baudrillard y recordar las críticas de Hubert Dreyfus -quien retoma la postura de de Merlau-Ponty- acerca de una potencial eficacia de los medios tecnológicos en recrear una escena comunicacional.
A través de sus cavilaciones, René Descartes llegó a ponderar tanto la mente que consideró al cuerpo como algo contingente, prescindible. Todo vínculo que obtenemos, decía Descartes, se produce a través de la mente. Más precisamente, mediante la duda metódica.
En cambio, Merlau-Ponty habla de una experiencia óptima del mundo, por la cual necesitamos el cuerpo para obtener una buena percepción de la realidad. A través del cuerpo, sostiene Ponty, nos movemos y adaptamos -como haría un microscopio- hasta lograr una óptima visión del exterior.
Desde mi punto de vista, el ciberespacio puede tornarse un lugar frío y desolador. Así de sombrías pueden resultar las salas de chat, repletas de usuarios solitarios, en busca de algo indefinido, impreciso.
No obstante, las nuevas posibilidades que brindan los medios electrónicos, como Internet, el e-mail, el blog y los diarios digitales, son definitivamente útiles; tampoco hay que dejarse llevar por el discurso apocalíptico tecnófobo.
Pero definitivamente la sobre información de texto, imágenes, sonidos y videos provoca vértigo. La sobre abundancia constituye un nuevo tipo de ausencia.
Pero ¿Cuáles serán las consecuencias de este continuo y forzado retiramiento de las personas a sus cubículos personales para encontrarse con el otro?
Dos ideas finales, relacionadas a lo que indica Baudrillard, para ampliar un posible debate.
Al encuadre de una cámara siempre le faltará paisaje por retratar.
Lo que gana en precisión el zoom, lo pierde en cobertura.
Verdades silenciosas
Muchas veces vemos en revistas, afiches y/o spots de la televisión, publicidades que presentan un determinado producto y que añaden junto al diseño del aviso, distintos tipos de mensajes, los cuales tienen como objetivo identificar a la marca en cuestión y, a su vez, asociar lo que se ofrece a una particular forma de ser.
Muchas otras veces, leemos, escuchamos o percibimos estos mensajes cuando estamos con prisa por llegar a un lugar determinado. Los observamos “de refilón”, al paso, sin prestar verdadera importancia al mensaje transmitido.
Sin pretender afirmar que se produce un efecto similar a la subliminalidad estudiada por las investigaciones estadounidenses de las décadas 50 y 60, tal vez, debido a esa observación tenue y supuestamente desinteresada, el mensaje queda muy bien grabado en nuestras mentes o, por lo menos, lo recordamos sin crítica alguna. De haber detenido nuestra razón sobre él por algunos minutos muy posiblemente sería distinta nuestra conclusión sobre la publicidad en cuestión.
La escena final de la película Brazil, del realizador estadounidense Terry Gilliam, expresa la anterior idea de una forma artística y, además, con suma crudeza. Allí, un camión recorre una extensa avenida que es bordeada en sus dos márgenes por altas paredes. La impresión que uno tiene cuando observa dicho escenario es que ambos paredones se encuentran repletos por todo tipo de afiches, como los que comentábamos antes.
Podríamos imaginar el futuro hoy. Más aún, lo podríamos imaginar hoy y en Buenos Aires. ¿Qué es la autopista Lugones sino el final de la película Brazil?
En cuanto a los polémicos mensajes a los que estoy haciendo referencia, podemos señalar, por ejemplo, a la oración “Ser egoísta no está mal”, en una de las últimas propagandas de los postres de McDonald´s. O “Querer lo que tenés”, en uno de los gigantescos afiches publicitarios de la marca de zapatillas Converse.
Mientras una de las publicidades condensa la peor cara del american way of life, la otra encarna perfectamente la fetichización de las mercancías de la cual hablaba Karl Marx.
Si hiciéramos una lista de los “caballitos de batalla” utilizados por las grandes compañías para intentar vender la mayor cantidad de sus nuevos productos, posiblemente encontraríamos algún tipo de “vademécum del buen publicista” con una serie de enunciados, de verdades no dichas que se “barajan” en el momento de planificar una campaña publicitaria. Nuevo, bello, joven, rápido, elegante y/o sano pueden ser las ideas/conceptos que residen en el telón de fondo de muchas de las publicidades actuales.
En este momento, el lector tal vez escuchará ecos de la escuela de Frankfurt y se le harán presentes reminiscencias de las críticas de Benjamin, Adorno y Horkheimer al capitalismo y al estilo de vida de la clase social que lo acompañó y alimentó: la burguesía. Creo que es válido y, aún más, necesario desempolvar esas ideas y voluntades expresadas en la primera mitad del siglo pasado.
Y para ello, preguntarnos, ¿Qué estamos comprando cuando compramos? ¿Qué queremos transmitir vistiendo determinada marca? ¿Qué palabras invisibles se conjugan en dicho acto? ¿Y hasta que punto tomamos como ciertas las sigilosas verdades transmitidas por las publicidades?
Evidentemente, existe una contundente tiranía de las imágenes, las cuales están al servicio del sistema capitalista. Una dictadura de imágenes está presente en las distintas pantallas que nos acompañan durante el día, a saber; televisión, Internet y celulares.
La rapidez con la que se vive actualmente tampoco permite algún tipo de reflexión sobre lo que nos circunda. Lo importante es ir rápido hacia el destino. No cuestionar el empapelado gráfico que nos rodea. Y, en esa vorágine, ir absorbiendo la forma y contenido de publicidades. Pero, sobre todas las cosas (y a este punto me quiero acercar), hacer carne los mitos -como analizaba lucidamente Roland Barthes- de los cuales las publicidades hablan. Esas verdades lejanas e inalcanzables que permanecen jugando en el fondo de nuestra psique. Esa construcción de profundas y silenciosas necesidades.
Más bien, hablar de la rapidez como un factor que gobierna nuestra vida actual ya no es suficiente. Como advierte Scott Lash, es la aceleración de los tiempos la que produce nuevas formas de pensamiento, comunicación y existencia. En ese sentido, dicha aceleración no deja tiempo para pensar una alternativa, una solución diferente a un problema determinado. No hay tiempo para elegir otro camino. Por el contrario; un producto, un sueldo y una compra. Y, como los denominados autores posmodernos señalan, una constante borradura del pasado y el futuro.
Al fin y al cabo, dentro del curso del funcionamiento social actual, detenerse y pensar la razón de nuestras acciones ya implica una acción revolucionaria.
jueves
tengo un caballo
tengo un gramófono. sobre el gramófono duermo.
tengo un hermano. mi hermano es escultor.
tengo un abrigo. tengo un abrigo para no tener frío.
tengo una planta. tengo una planta para que haya verde en la habitación.
tengo a maruska. tengo a maruska porque la amo.
tengo cerillas. con cerillas enciendo mis cigarrillos.
tengo un cuerpo. con mi cuerpo hago las cosas más bellas que hago.
tengo destrucción. la destrucción me provoca un montón de problemas.
tengo noche. la noche entra en mi habitación a través de la ventana.
tengo pasión por las carreras de automóviles. porque las carreras de automóviles
son mi pasión corro carreras de automóviles.
tengo dinero. con dinero compro pan.
tengo seis poesías realmente buenas. espero escribir más.
tengo veintisiete años. todos estos años pasaron como un relámpago.
tengo relativamente bastante coraje. con el coraje combato la estupidez humana.
tengo mi onomástica el siete de marzo. me alegraría que el siete de marzo fuese un bonito día.
tengo una amiga pequeña de nombre bredica. cuando a la noche la ponen a dormir dice salamun y se duerme"
Tomaz Salamun
miércoles
domingo
6 cosas imposibles para antes de acostarse
.
sentir desde el cuerpo de otra persona
.
un perro que entendiera cuando le hablamos pero prefiriera sólo ladrar como respuesta
.
una obra de arte bella por su utilidad económica
.
un político con gran poder de empatía
.
un domingo que no sea apoteótico
.
una virtud que se consiga por Internet
.
viernes
saudades de Semana Santa
de chico
pensaba uno
yo voy a amar
voy a querer
con la pureza de mi corazón
no voy a engañar
voy a querer
con la franqueza de mi corazón
pero
cierta
ansiedad
incertidumbre
desconfianza
nos cambia
transforma
desvirtúa
y queremos
hasta donde podemos
hasta donde queremos
de a poquito
de a sorbitos
de a ratitos
por qué el cambio?
por qué no seguir con nuestra promesa de antaño?
qué aconteció?
qué ansias de grandeza nos perdió? confundió?
parece ser
que quien no se quiere
no quiere
no ama
si no
todo lo contrario
pues
a ponerse bien
mejor
estable
para ponerse
bien
mejor
estable
con el otro
la otra
los otros
y nuevamente
con
uno
mismo
martes
Pérez
Como vivía solo generalmente mantenía conversaciones con él mismo para recordar la sonoridad de la voz humana.
Pérez no tenía obligación de salir de su hogar ya que tenía cubiertas todas sus necesidades básicas: trabajaba a distancia desde su casa y pedía todo lo necesario por correo o Internet.
Parecería que Pérez se podía trasladar siempre y cuando fuese dentro del perímetro de su propiedad.
Tenía noticias del mundo a través de los diarios, la radio o la televisión pero no mantenía ningún contacto real con otro ser humano.
Pérez tenía intenciones de salir pero existía algo que lo retenía. Sentía desde hacía un tiempo que algo no andaba bien. Con el tiempo empezó a perder el rastro de lo que sucedía en el exterior.
Entonces, con el lento pasar de sus horas, Pérez comenzó a relacionarse con otro tipo de realidad. Comenzó a sentir que algo se había generado. Empezó a entender cosas que nunca había pensado.
Pérez se fue elevando hasta transformarse en ente. Ahora, se mantiene en el aire, impávido, como la niebla que vive sobre los pantanos.
Libro de la Memoria, volumen uno
Y recordó que un día, NS le informó que su color preferido había cambiado, que de ahora en más el suyo sería el rojo. LN vivió esa noticia como una traición.
La camaradería que los unía, a partir de pensar que el color verde constituía la mejor opción de todas, de alguna forma se había modificado, se había disuelto.
domingo
El deseo nos persigue a toda costa.
Para alcanzar la virtud en nuestra época se debe renunciar a toda oferta.
Porque uno sale a la calle y es interpelado, interrogado, afirmado, cuestionado por las publicidades en radio, TV, diarios e Internet.
Interrogados a comprar y satisfacernos.
Cada vez más fácil, cada vez más barato, cada vez más rápido.
Casi no se deja crecer al deseo.
Mejor, el deseo por algo no ha crecido aún, no se nos ha manifestado aún, y ya tenemos frente a nuestras narices, ojos, oídos y culos, la oferta de satisfacción.
¿Y qué pasa si no queremos satisfacernos? O al menos en el corto y mediano plazo ? Qué sucede si contestamos: prefiero esperar.
Yo paso.
Romántico ? Moderno ? Ingenuo ? No lo sé.
Tal vez, lo que pretendo es poder saber qué es lo que quiero antes que me ofrezcan mil opciones, fáciles, económicas para alcanzar lo que podría gustarme, podría interesarme, podría serme útil.
lunes
adentro
Aquel espejo le resultaba especial porque luego de despertarse, día tras día, anunciaba que él era él, que lo seguía siendo.
La claridad del agua que fluye en un arroyo.
Miró al espejo y se saludó. Empezó a conversar con la imagen espejada pero rápidamente se sintió incómodo y terminó desistiendo de tal inútil proyecto.
Damos un paso, el horizonte se aleja mil.
Se miró al espejo y sintió –como un falso despertar- que detrás del cristal se encontraba otra persona. El espejo le hablaba con especial claridad y velocidad vertiginosa.
El horizonte, extenso, dibuja la delgada línea de un cristal filoso.
Una vez más: despertó antes de lo acostumbrado debido a la intensa luz que entraba en la habitación. Esa claridad, que en un principio lo hostigaba, ahora lo bañaba y protegía.
La claridad inspirada por ciertos rayos del sol.
Una vez más: despertó y, ni bien logró cierta conciencia, quedó asombrado por la extraña luz que se filtraba a través de los cristales amarillos de las ventanas de su cocina.
La claridad, nuevamente.
Una vez más: despertó y observó que todos sus cajones estaban abiertos.
Al cerrar uno de ellos encontró en su interior gran cantidad de pequeños cristales rotos. Y recordó cuando en su infancia aprendía a andar en bicicleta. Un día, mientras la montaba, pisó unos vidrios rotos, la rueda delantera de su bicicleta pinchó, perdió estabilidad y, al caer, apoyó sus manos en los vidrios. Con sus manos ensangrentadas regresó a su casa llorando, llamando a su hermana y sus padres.
La angustia en la garganta, la asfixia.
Al cerrar el último cajón, tuvo la impresión de que a lo largo de su vida, en un sentido figurado, había cerrado cajones una y otra vez. Pensó también que si lograse abrir dichos cajones, obtendría miles de historias para contar.
Lo secreto, lo indecible que queda sepultado en un cajón bajo llave.
Cerrados ya los cajones recordó a Salvador Dalí y una de sus pinturas donde el tiempo se dilata, los relojes son blandos y los cajones están sostenidos por frágiles varillas. En aquellos paisajes todo se borraba y transfiguraba. La imaginación se convertía en la anfitriona del espectador.
La claridad en el ocaso, la oscuridad en el alba.
Luego de comer algo, se recostó a descansar y, sin darse cuenta, volvió a dormirse. Soñó que los cajones nuevamente se abrían. Él volvía a cerrarlos pero en cuanto se daba vuelta, los cajones salían de forma automática, vengándose, como muebles hechizados.
Perderse en un jardín inglés.
Una vez más: despertó recordando un sueño de horizontes inalcanzables, que luego olvidó. Todo se borraba, pensó, todo se diluye.
Lo secreto, nuevamente.
Miró al espejo por última vez y salió a la calle.
Y se dio cuenta al fin de que había buscado el horizonte, añorado la claridad de algunas horas del día, mirado demasiados espejos, guardado palabras en cajones, que se había cortado con cristales y que había querido despertar ya encontrándose despierto.
La claridad de algunos sentimientos que no hace falta explicar.
Ya en la calle, caminando, salió hacia afuera.
