Ya conocemos las virtudes del dulce de leche, ya reconocimos el ingenio en creaciones tan disímiles como la birome y las huellas digitales. Aunque a la mayoría se le pase por alto, nos enorgullecemos frente a la investigación sobre los anticuerpos monoclonales, ya que ese descubrimiento también, lleva, imborrable, el sello nacional.
No obstante, permanece oculto, rezagado, un genial invento, que debería ocupar el centro de la escena, un merecido lugar de reconocimiento. Tal vez algunos ya sospechen a lo que estoy haciendo referencia. Sí, señores, estoy hablando del fabuloso y genial binomio del Queso y Dulce. Aquella combinación inigualable de sabores opuestos como lo dulce y lo salado. Esa ancestral alquimia que calma la más terrible de las ansiedades.
Ahora bien, quienes no conocen ni probaron aún tal delicioso invento y se dignen a experimentarlo deberán saber que se lo suele encontrar en dos variedades. Queso fresco y dulce de membrillo, también conocido como “Postre Martín Fierro”, o queso fresco y dulce de batata, también llamado como “Postre Vigilante”. Si me apuran un poco, debo confesar que me inclino hacia la última opción.
Pero quiero destacar sobre todo el placer concomitante a la experiencia de comer este delicioso postre. Me refiero a la necesidad de mancharse y pegotearse los dedos, de “enchapetarse”, como dirían mis antepasados turcos. Porque después de todo, hay que tomar contacto con la comida apelando a todos nuestros órganos y nuestros sentidos.
Y hablando de antepasados, deseo rescatar esa sana cualidad proveniente de la cultura gastronómica española e italiana: el sabor de lo simple -si puede decirse tal cosa. Una justa elección de los elementos apropiados para preparar las comidas. Muy a lo lejos de aquellas bazofias inglesas llenas de especias sin sentido.
Por eso, rescato ese algo cremoso, ácido y dulce, con esa única textura, que logran ese placer que nos remontan a las mesas familiares de algún verano porteño, donde un padre le ofrece a su inexperimentado hijo uno de los pequeños secretos, que constituyen –luego de tanta interpretación- la sal de la vida.
viernes
del mar
no importa
estoy sobre el océano
el mar me atrae, revuelvo las costas / las rocas vuelan
y camino boca abajo al cielo / siento venir la marea
la ola me lleva a tantos lugares, sigo ahí cuando
arena cae y estoy ahí para pasar
luego me sumerjo y voy a otro lugar
unas estrellas me tocan / voy con ellas / sirenas / no vuelvo
me envuelvo con la bruma. la espuma de mar me sostiene
no caigo, confío en el mar
y vuelvo a volar conmigo. no llevo periódico. solo alas
es normal ser ligero cuando el azul rodea
si cerrás los ojos seguís viendo corales / arrecifes
solo puedo ir hacia ellos. cuando sopla la brisa viajo nuevamente hacia mí
y no me protejo. abro puertas / dejo mi ser entrar
comenzar una ola para seguir con la que viene
y no juzgarlas ya que son todas hermosas
la ostra, el muelle, la bahía son bellos
ellos se tienen solo y yo miro a gusto
porque me envuelven en frazadas tibias / sábanas caen de arriba hacia abajo / no miro
y no importa si soy celeste, azul, verde o azulado
entiendo la marea. ella siempre es. y no hay más
solo tierra y luz / pluma y roca / sol y luciérnaga
solo los cangrejos caminan
solo el caracol calla
solo la medusa escapa
solo el escorpión se esconde
nada más menos. eso así
confiar en el mar es pensar esperanza
tratar de estar es dejarse llevar y volver
pensar es recordar
volver hacia sí no es llamar a otro / siempre habrá alguien esperando el alba
cuando vueles, recuerda no olvidar
y llegar y llegar / siempre / es posible ?
entiendo el engaño ?
no importa
luciérnaga, luciérnaga
estoy sobre el océano
el mar me atrae, revuelvo las costas / las rocas vuelan
y camino boca abajo al cielo / siento venir la marea
la ola me lleva a tantos lugares, sigo ahí cuando
arena cae y estoy ahí para pasar
luego me sumerjo y voy a otro lugar
unas estrellas me tocan / voy con ellas / sirenas / no vuelvo
me envuelvo con la bruma. la espuma de mar me sostiene
no caigo, confío en el mar
y vuelvo a volar conmigo. no llevo periódico. solo alas
es normal ser ligero cuando el azul rodea
si cerrás los ojos seguís viendo corales / arrecifes
solo puedo ir hacia ellos. cuando sopla la brisa viajo nuevamente hacia mí
y no me protejo. abro puertas / dejo mi ser entrar
comenzar una ola para seguir con la que viene
y no juzgarlas ya que son todas hermosas
la ostra, el muelle, la bahía son bellos
ellos se tienen solo y yo miro a gusto
porque me envuelven en frazadas tibias / sábanas caen de arriba hacia abajo / no miro
y no importa si soy celeste, azul, verde o azulado
entiendo la marea. ella siempre es. y no hay más
solo tierra y luz / pluma y roca / sol y luciérnaga
solo los cangrejos caminan
solo el caracol calla
solo la medusa escapa
solo el escorpión se esconde
nada más menos. eso así
confiar en el mar es pensar esperanza
tratar de estar es dejarse llevar y volver
pensar es recordar
volver hacia sí no es llamar a otro / siempre habrá alguien esperando el alba
cuando vueles, recuerda no olvidar
y llegar y llegar / siempre / es posible ?
entiendo el engaño ?
no importa
luciérnaga, luciérnaga
miércoles
-
-
-
Un hombre que hablaba solo por la calle vio
a una mujer hermosa quien, al pasar al lado suyo, le devolvió una vivaz sonrisa.
Un hombre que acariciaba a un perro observó
a un hombre mayor barriendo la vereda de toda su cuadra
La música pensaba en la pintura
La poesía quería hacer un regalo
Alguien pensaba en otra persona
Una mujer que suele expresar gratuitamente su felicidad de vivir pensó
en un niño susurrando sus miedos y verdades en el oído de su padre
Binomios extravagantes, Cosas inútiles
Que van salvando al mundo
-
-
-
-
-
Un hombre que hablaba solo por la calle vio
a una mujer hermosa quien, al pasar al lado suyo, le devolvió una vivaz sonrisa.
Un hombre que acariciaba a un perro observó
a un hombre mayor barriendo la vereda de toda su cuadra
La música pensaba en la pintura
La poesía quería hacer un regalo
Alguien pensaba en otra persona
Una mujer que suele expresar gratuitamente su felicidad de vivir pensó
en un niño susurrando sus miedos y verdades en el oído de su padre
Binomios extravagantes, Cosas inútiles
Que van salvando al mundo
-
-
-
viernes
mientras las noche duerme
yo velo por ella
merodeo mi jaula dibujo fantasmas
mientras la ciudad murmura
interpreto su voz
escucho su pregón
los dedos se mueven solos
los pensamientos se suceden como las olas del mar
mientras la noche pasa yo paso también
mientras la noche duerme
yo arrullo las calles
peino los asfaltos
coso las persianas
y juego a la geometría
un gato blanco me robó los sueños
y un chico en África vive dormido
yo velo por ella
merodeo mi jaula dibujo fantasmas
mientras la ciudad murmura
interpreto su voz
escucho su pregón
los dedos se mueven solos
los pensamientos se suceden como las olas del mar
mientras la noche pasa yo paso también
mientras la noche duerme
yo arrullo las calles
peino los asfaltos
coso las persianas
y juego a la geometría
un gato blanco me robó los sueños
y un chico en África vive dormido
sábado
.
.
.
.
27 vidas
27 muertes
27 canciones recibidas
27 heridas que cicatrizaron
27 vueltas al Sol
27 sabidurías
81 deseos pedidos
108 estaciones transitadas
27 borrones y cuentas nuevas
27 unidades
27 resurreciones
27 balances esperanzas
27 recuerdos parecidos diferentes
27 preguntas y respuestas y preguntas
27 máscaras tiradas
27 desgarramientos
27 piedras y
54 tropiezos
27 viajes hacia mí
.
.
.
.
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.
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27 vidas
27 muertes
27 canciones recibidas
27 heridas que cicatrizaron
27 vueltas al Sol
27 sabidurías
81 deseos pedidos
108 estaciones transitadas
27 borrones y cuentas nuevas
27 unidades
27 resurreciones
27 balances esperanzas
27 recuerdos parecidos diferentes
27 preguntas y respuestas y preguntas
27 máscaras tiradas
27 desgarramientos
27 piedras y
54 tropiezos
27 viajes hacia mí
.
.
.
.
miércoles
manifiesto de miércoles a la noche
basta con la desidia
con la inercia
quietud de la noche soporífera
conformarse con
grifos charcos aceites pasados por agua
basta con el sucio oscuro conocido diagrama de la ciudad
que ya conocemos de memoria
basta de hablar de lo mismo con lo mismo mismo
costumbres perpetuas de esquinas conocidas mozos eternos
o bares mitológicos
y para cuándo saltamos pegamos pataleamos proponemos ?
para cuándo gritamos decimos ya ahora mismo ?
no esperar la desidia atrasada de esperar un bondi que no viene
no encallar en un puerto cerrado hasta nuevo aviso
abrir la boca y decir opinar proponer
cambiar la secuencia de las cosas
por qué de a ratos siempre se hace tan imposible difícil ?
volvamos a empezar
marzo eterno de esperanzas liberadoras ya mismo sí !
con la inercia
quietud de la noche soporífera
conformarse con
grifos charcos aceites pasados por agua
basta con el sucio oscuro conocido diagrama de la ciudad
que ya conocemos de memoria
basta de hablar de lo mismo con lo mismo mismo
costumbres perpetuas de esquinas conocidas mozos eternos
o bares mitológicos
y para cuándo saltamos pegamos pataleamos proponemos ?
para cuándo gritamos decimos ya ahora mismo ?
no esperar la desidia atrasada de esperar un bondi que no viene
no encallar en un puerto cerrado hasta nuevo aviso
abrir la boca y decir opinar proponer
cambiar la secuencia de las cosas
por qué de a ratos siempre se hace tan imposible difícil ?
volvamos a empezar
marzo eterno de esperanzas liberadoras ya mismo sí !
domingo
viernes
Asunción de la poesía
I
Yo me nazco, yo misma me levanto,
organizo mi forma y determino
mi cantidad, mi número divino,
mi régimen de paz, mi azar de llanto
Establezco mi origen y termino
porque sí, para nunca, por lo tanto.
Soy lo que se me ocurre cuando canto.
No tengo ganas de tener destino.
Mi corazón estoy elaborando:
ordeno sufrimiento a su medida,
educo al odio al amor lo mando.
Me autorizo a morir sólo de vida.
Me olvidarán sin duda, pero cuando
mi enterrado capricho lo decida.
II
Me siento responsable del rocío
por mi culpa la piedra está callada,
comparto la velocidad del río
tengo la obligación de la alborada
Me importa demasiado el mundo, ansío
su condición de lágrima y espada
Nada sucede en su transcurso, nada
que no pase primero por el mío.
Sepan que por el viento me suicido,
que me atribuyo el mar y que concedo
a un tribunal de lluvia mi latido.
Asumo el día y cumplo sus deberes.
Vivo la ira de los hombres, puedo
amar con el corazón de las mujeres.
III
-Pájaros , necesito con urgencia
disimular mi nada . Necesito
ser la continuación de mi presencia,
sobrevivir en desatado grito.
Me da vergüenza el infinito,
me humilla la sagrada permanencia.
Queriendo desafiarlas me repito
en obras de amorosa trascendencia.
Canto, desesperadamente, canto
con voz de tinta y letra de agonía.
rota por dentro, loca por fuera.
Me duele ya la eternidad de tanto
predecir con furiosa rebeldía:
-“Mañana cantará mi calavera ”.
M.E.W
Yo me nazco, yo misma me levanto,
organizo mi forma y determino
mi cantidad, mi número divino,
mi régimen de paz, mi azar de llanto
Establezco mi origen y termino
porque sí, para nunca, por lo tanto.
Soy lo que se me ocurre cuando canto.
No tengo ganas de tener destino.
Mi corazón estoy elaborando:
ordeno sufrimiento a su medida,
educo al odio al amor lo mando.
Me autorizo a morir sólo de vida.
Me olvidarán sin duda, pero cuando
mi enterrado capricho lo decida.
II
Me siento responsable del rocío
por mi culpa la piedra está callada,
comparto la velocidad del río
tengo la obligación de la alborada
Me importa demasiado el mundo, ansío
su condición de lágrima y espada
Nada sucede en su transcurso, nada
que no pase primero por el mío.
Sepan que por el viento me suicido,
que me atribuyo el mar y que concedo
a un tribunal de lluvia mi latido.
Asumo el día y cumplo sus deberes.
Vivo la ira de los hombres, puedo
amar con el corazón de las mujeres.
III
-Pájaros , necesito con urgencia
disimular mi nada . Necesito
ser la continuación de mi presencia,
sobrevivir en desatado grito.
Me da vergüenza el infinito,
me humilla la sagrada permanencia.
Queriendo desafiarlas me repito
en obras de amorosa trascendencia.
Canto, desesperadamente, canto
con voz de tinta y letra de agonía.
rota por dentro, loca por fuera.
Me duele ya la eternidad de tanto
predecir con furiosa rebeldía:
-“Mañana cantará mi calavera ”.
M.E.W
De mis tiempos
En mis tiempos había tiempo. Recuerdo bien que por ejemplo la higuera derramaba esparcimiento y una rosa nos durabamucho más que cualquier empleo. Por otra parte las siestas se pedían prestadas a la muerte.
Quizás el tiempo era como las frutas, se regalaba a los vecinos después de verlo madurar. Se compartía en las veredas, entre abanicos y señoresde sosegada camiseta, mientras parsimoniosamente iban escobas y venían amontonándolo como importante. Y la eternidad, sentadita en su silla de paja, porque sí.
Es que era siempre tan temprano y tan segura la abundancia, la inundación de treguas oportunas, que se guardaba el tiempo en los sombreros y un día se lo derrochaba todo en un solo saludo, saludando.
Uno viajaba en libro a todas partesy visitaba diferentes ocios: el de al lado, el de enfrente, el de las tías. No se había inventado el maleficio de la prisa, no.De ninguna manera. Los espejos esperaban de sobra que uno peinara su pausado pelo, que uno se terminara de encontrar.
El tiempo era un perfume y no venía nadie a medirlo ni guardarlo en cajas. Los trenes todo lo que hacían era aludirlo en los horarios.
Se podía llorar a gusto porque eran lentos los rincones, o quizás porque había aún macetas donde depositar una lágrima sin que las flores se opusieran. 0 porque la llovizna hablaba en un idioma sin resentimiento.
Todos usaban tiempo y lo perdíamos, cómplices de su lujosa concurrencia, y hasta el hastío era un modo de ser de los balcones que enternecía delicadamente.
Creo que todavía queda un poco de tiempo verdadero, pero lejos. Pero muy lejos, en algunos patios, refugiado en aljibes.
Se queda todavía en niños solos que reinan sobre umbrales y en la lustrada majestad del gato. Supongo, ya no sé, nada sabemos.
Tiempo sin ser castigo. Yo llegué a conocerlo: está enterrado en lo más vivo de mi corazón.
Después vinieron los Relojes.
Quizás el tiempo era como las frutas, se regalaba a los vecinos después de verlo madurar. Se compartía en las veredas, entre abanicos y señoresde sosegada camiseta, mientras parsimoniosamente iban escobas y venían amontonándolo como importante. Y la eternidad, sentadita en su silla de paja, porque sí.
Es que era siempre tan temprano y tan segura la abundancia, la inundación de treguas oportunas, que se guardaba el tiempo en los sombreros y un día se lo derrochaba todo en un solo saludo, saludando.
Uno viajaba en libro a todas partesy visitaba diferentes ocios: el de al lado, el de enfrente, el de las tías. No se había inventado el maleficio de la prisa, no.De ninguna manera. Los espejos esperaban de sobra que uno peinara su pausado pelo, que uno se terminara de encontrar.
El tiempo era un perfume y no venía nadie a medirlo ni guardarlo en cajas. Los trenes todo lo que hacían era aludirlo en los horarios.
Se podía llorar a gusto porque eran lentos los rincones, o quizás porque había aún macetas donde depositar una lágrima sin que las flores se opusieran. 0 porque la llovizna hablaba en un idioma sin resentimiento.
Todos usaban tiempo y lo perdíamos, cómplices de su lujosa concurrencia, y hasta el hastío era un modo de ser de los balcones que enternecía delicadamente.
Creo que todavía queda un poco de tiempo verdadero, pero lejos. Pero muy lejos, en algunos patios, refugiado en aljibes.
Se queda todavía en niños solos que reinan sobre umbrales y en la lustrada majestad del gato. Supongo, ya no sé, nada sabemos.
Tiempo sin ser castigo. Yo llegué a conocerlo: está enterrado en lo más vivo de mi corazón.
Después vinieron los Relojes.
M.E.W
miércoles
inspiración / mareo
te quiero cuando cerrás los ojos porque así puedo ver dentro tuyo y no tener que marearme contando pájaros
......................................................................................................................
y si me besás yo podría bailar y cantar alrededor de trampolines verdes y azules
......................................................................................................................
porque roja es la miel que te rodea cuando nos bañamos en algodón rosado con mucha manteca
......................................................................................................................
y no puedo mirar otra cosa que el océano manchado de hermosas cosas grises que flotan dentro y no se qué
......................................................................................................................
y cabezas de rinoceronte azulado bajan por las praderas del este a caballo porque no puedo bailar con ella
......................................................................................................................
ya no puedo mirarte cuando descansás bajo la luna celeste que nos cura y nos adormece en el campo gris de mi vida
......................................................................................................................
pueda girar sin compromisos matrimoniales o fúnebres ?
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y si me besás yo podría bailar y cantar alrededor de trampolines verdes y azules
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porque roja es la miel que te rodea cuando nos bañamos en algodón rosado con mucha manteca
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y no puedo mirar otra cosa que el océano manchado de hermosas cosas grises que flotan dentro y no se qué
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y cabezas de rinoceronte azulado bajan por las praderas del este a caballo porque no puedo bailar con ella
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ya no puedo mirarte cuando descansás bajo la luna celeste que nos cura y nos adormece en el campo gris de mi vida
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pueda girar sin compromisos matrimoniales o fúnebres ?
Dos personas
Un hombre. Una mujer.
Solos en sus circunstancias.
Llega el día en el que se cruzan.
Se encuentran y no dejan de mirarse. Se pierden. Se marean.
Podríamos decir que se funden en el otro, en una vorágine de respuestas sin preguntas. Podríamos decir que estaban destinados a sucederse, a llegarse.
Podríamos decir.
Podríamos decir que la pareja se encontró en la plaza Miserere. O en Plaza San Martín.
Pero podrían haberse encontrado en otra plaza. O en una terminal de ómnibus.
Tal vez viajando hacia el Uruguay. O hacia Chile. O volviendo a Buenos Aires.
También podrían no cruzarse.
Porque se bajó una parada antes. Porque dejó pasar el momento. Por vergüenza. Por pudor. Porque alguien no quiso. Por media hora. Porque no quiso esperar más. Por miedo.
Por no jugarse.
Aunque también, si se encontraran, podrían reconocerse.
Podrían suponer que ya se conocen.
Podrían sospechar haber vivido toda una eternidad juntos.
Podrían besarse.
Sentir cómo fluye la sangre por sus cuellos. Apretarse. Pelearse. Podrían volverse locos. Y perderse. Embrujarse. Dejarse. Confiarse. Prometerse. Imaginarse.
Encontrarse.
Solos en sus circunstancias.
Llega el día en el que se cruzan.
Se encuentran y no dejan de mirarse. Se pierden. Se marean.
Podríamos decir que se funden en el otro, en una vorágine de respuestas sin preguntas. Podríamos decir que estaban destinados a sucederse, a llegarse.
Podríamos decir.
Podríamos decir que la pareja se encontró en la plaza Miserere. O en Plaza San Martín.
Pero podrían haberse encontrado en otra plaza. O en una terminal de ómnibus.
Tal vez viajando hacia el Uruguay. O hacia Chile. O volviendo a Buenos Aires.
También podrían no cruzarse.
Porque se bajó una parada antes. Porque dejó pasar el momento. Por vergüenza. Por pudor. Porque alguien no quiso. Por media hora. Porque no quiso esperar más. Por miedo.
Por no jugarse.
Aunque también, si se encontraran, podrían reconocerse.
Podrían suponer que ya se conocen.
Podrían sospechar haber vivido toda una eternidad juntos.
Podrían besarse.
Sentir cómo fluye la sangre por sus cuellos. Apretarse. Pelearse. Podrían volverse locos. Y perderse. Embrujarse. Dejarse. Confiarse. Prometerse. Imaginarse.
Encontrarse.
fonético
en todo alrededor
en busca de si
sigue siendo constante
de siempre circunferencia
tres veces tres
junta tréboles para ser
a la vuelta igual
suspiros trasnoche hoy
porqué no / viento sí
sí, sigue, siempre, ser
continúo para remitir
un sonido bien escuchar
infinitivo infinito
mejor salir a ver
mejor es nunca permanecer
cambiar para volver
verbo verbal vierte
velando por él / nada o todo. ya
en busca de si
sigue siendo constante
de siempre circunferencia
tres veces tres
junta tréboles para ser
a la vuelta igual
suspiros trasnoche hoy
porqué no / viento sí
sí, sigue, siempre, ser
continúo para remitir
un sonido bien escuchar
infinitivo infinito
mejor salir a ver
mejor es nunca permanecer
cambiar para volver
verbo verbal vierte
velando por él / nada o todo. ya
lunes
Un día como fiscal partidario
Suena 6.25 el reloj despertador. El remís llega a casa 7.15. Tengo que estar a las 7.30 en Zorroaquín y De Pratti, una ignota esquina del barrio bonaerense de Villa Martelli.
Llegamos a horario, luego de haber consultado junto al remisero la guía Filcar en más de una oportunidad.
Me encuentro con mi fiscal general, un hombre afable, de mediana estatura, cabello gris y ojos agrandados por los lentes de sus anteojos. Me guía hacia mi mesa, la “182”, en donde deberé quedarme durante toda la jornada.
Ni el presidente de mesa ni el suplente habían llegado. Sólo rondaban a esas horas los fiscales generales de los principales partidos políticos, la gente del correo -quien se encarga de trasladar las urnas hacia los colegios y llevarlas una vez terminada la votación- y un par de jóvenes militares, vestidos de verde, cargando sus reglamentarias ametralladoras.
Luego pensaría cuáles serían las órdenes que aquellos jóvenes militares habían recibido especialmente para el día de los comicios. Si sus superiores llegaron a impartirles órdenes para que, dada determinada situación, comenzaran a ametrallar obedientemente a los votantes, por ejemplo.
Espero unos minutos. Llega el presidente, luego el suplente. Comienzan a investigar la bolsa reglamentaria que les dio el correo. Investigan la urna. Todo parece ser complicado. El padrón original no aparece. El presidente se fija en el instructivo qué es lo que debe hacer. Pero lentamente, todo va tomando lugar.
Una vez depositadas las boletas en las mesas del cuarto oscuro, cerrada la urna con la faja de seguridad, se da por comenzada la jornada de votación en la “182”. Creo que empezamos a horario, a las ocho de la mañana.
Ya existe una fila de aproximadamente ocho personas esperando por votar. Algunos son conductores de ambulancias, que deben votar rápido ya que se encuentran trabajando.
Pasan las primeras horas de la mañana. Algunos fiscales generales se apiadan de nosotros y nos convidan con café y medialunas. Yo acepto amablemente facturas de parte de una fiscal general de otro partido político.
Tengo sueño. A causa de los nervios de haberme propuesto como fiscal partidario me costó conciliar el sueño la noche anterior. A dicha realidad se suma el temprano horario en el cual me tuve que despertar.
Llega el mediodía. Aparece el hambre. Comienzo a demandarle comida a mi fiscal general. Él me dice que está llegando. Un fiscal me convida medio sándwich de milanesa. Más tarde, llega mi almuerzo.
Varias personas asisten a votar con un barbijo, atemorizadas por la famosa gripe porcina. Algunos se tapan la boca con sus bufandas. El temor al contagio es mayor en la planta baja, en donde votan las mujeres. Por momentos entro en la paranoia general y me pregunto a mí si siento los síntomas de dicha enfermedad pero pronto me contesto que no, que sólo tengo bastante sueño por no haber dormido lo suficiente la noche anterior.
La fiscalización en sí es fácil. La primera etapa consta de tildar con una cruz los ciudadanos que votan.
Sólo anulamos los votos de tres votantes, los cuales habían traído como DNI un pedazo de papel insignificante, parecido a papiros pasados por agua.
El total de votantes de nuestra lista, conformada por apellidos que empezaban con la letra “R”, es de 350. Concurrieron a votar unos 264 votantes. Faltaron aproximadamente 90. Luego me enteré que la concurrencia de votantes mujeres fue mayor.
Llegan las últimas horas. El cansancio es un poco mayor pero también lo es la felicidad de la proximidad del fin de la votación. Votamos nosotros, los fiscales.
Llegan los últimos votantes. Se cierra el colegio para el escrutinio de los votos. Aplaudimos por el final de la votación.
Nuevamente, el presidente de mesa comienza a investigar cómo debe proceder. Contabilizamos cuántos ciudadanos del total de nuestro padrón votaron. Pasamos el presidente de mesa, el suplente y los fiscales al cuarto oscuro. Allí, abrimos la urna, depositamos los sobres en pilas de diez unidades y los contamos. Comprobamos que existe un sobre menos de la cifra de la suma de los votantes. Lo contabilizamos como una diferencia. Pero más tarde no computaríamos dicha diferencia.
Comenzamos a dibujar en el pizarrón una réplica del acta de escrutinio, en la cual computaríamos los votos. Me surgen ganas de fotografiar dicho momento. Pero no tengo cámara y no pienso preguntar si alguien quiere fotografiar aquello. Comenzamos a abrir los sobres y a depositarlos sobre una mesa. Algunos sobres se anulan ya que no respetan las reglas generales de la votación.
Vamos computando en el pizarrón los votos para cada partido. Una vez finalizado el conteo, llega el momento de llenar las actas. La parte más difícil la tiene el presidente y su suplente, quienes deben llenar más de una planilla. Festejo el hecho de ser sólo un fiscal partidario. Hecho el papelerío, llamamos a la gente del correo, quienes observan el cierre de la urna, en donde se habían depositado nuevamente los sobres abiertos.
Felicito al presidente, al suplente, a un fiscal y me voy a casa, feliz.
Llegamos a horario, luego de haber consultado junto al remisero la guía Filcar en más de una oportunidad.
Me encuentro con mi fiscal general, un hombre afable, de mediana estatura, cabello gris y ojos agrandados por los lentes de sus anteojos. Me guía hacia mi mesa, la “182”, en donde deberé quedarme durante toda la jornada.
Ni el presidente de mesa ni el suplente habían llegado. Sólo rondaban a esas horas los fiscales generales de los principales partidos políticos, la gente del correo -quien se encarga de trasladar las urnas hacia los colegios y llevarlas una vez terminada la votación- y un par de jóvenes militares, vestidos de verde, cargando sus reglamentarias ametralladoras.
Luego pensaría cuáles serían las órdenes que aquellos jóvenes militares habían recibido especialmente para el día de los comicios. Si sus superiores llegaron a impartirles órdenes para que, dada determinada situación, comenzaran a ametrallar obedientemente a los votantes, por ejemplo.
Espero unos minutos. Llega el presidente, luego el suplente. Comienzan a investigar la bolsa reglamentaria que les dio el correo. Investigan la urna. Todo parece ser complicado. El padrón original no aparece. El presidente se fija en el instructivo qué es lo que debe hacer. Pero lentamente, todo va tomando lugar.
Una vez depositadas las boletas en las mesas del cuarto oscuro, cerrada la urna con la faja de seguridad, se da por comenzada la jornada de votación en la “182”. Creo que empezamos a horario, a las ocho de la mañana.
Ya existe una fila de aproximadamente ocho personas esperando por votar. Algunos son conductores de ambulancias, que deben votar rápido ya que se encuentran trabajando.
Pasan las primeras horas de la mañana. Algunos fiscales generales se apiadan de nosotros y nos convidan con café y medialunas. Yo acepto amablemente facturas de parte de una fiscal general de otro partido político.
Tengo sueño. A causa de los nervios de haberme propuesto como fiscal partidario me costó conciliar el sueño la noche anterior. A dicha realidad se suma el temprano horario en el cual me tuve que despertar.
Llega el mediodía. Aparece el hambre. Comienzo a demandarle comida a mi fiscal general. Él me dice que está llegando. Un fiscal me convida medio sándwich de milanesa. Más tarde, llega mi almuerzo.
Varias personas asisten a votar con un barbijo, atemorizadas por la famosa gripe porcina. Algunos se tapan la boca con sus bufandas. El temor al contagio es mayor en la planta baja, en donde votan las mujeres. Por momentos entro en la paranoia general y me pregunto a mí si siento los síntomas de dicha enfermedad pero pronto me contesto que no, que sólo tengo bastante sueño por no haber dormido lo suficiente la noche anterior.
La fiscalización en sí es fácil. La primera etapa consta de tildar con una cruz los ciudadanos que votan.
Sólo anulamos los votos de tres votantes, los cuales habían traído como DNI un pedazo de papel insignificante, parecido a papiros pasados por agua.
El total de votantes de nuestra lista, conformada por apellidos que empezaban con la letra “R”, es de 350. Concurrieron a votar unos 264 votantes. Faltaron aproximadamente 90. Luego me enteré que la concurrencia de votantes mujeres fue mayor.
Llegan las últimas horas. El cansancio es un poco mayor pero también lo es la felicidad de la proximidad del fin de la votación. Votamos nosotros, los fiscales.
Llegan los últimos votantes. Se cierra el colegio para el escrutinio de los votos. Aplaudimos por el final de la votación.
Nuevamente, el presidente de mesa comienza a investigar cómo debe proceder. Contabilizamos cuántos ciudadanos del total de nuestro padrón votaron. Pasamos el presidente de mesa, el suplente y los fiscales al cuarto oscuro. Allí, abrimos la urna, depositamos los sobres en pilas de diez unidades y los contamos. Comprobamos que existe un sobre menos de la cifra de la suma de los votantes. Lo contabilizamos como una diferencia. Pero más tarde no computaríamos dicha diferencia.
Comenzamos a dibujar en el pizarrón una réplica del acta de escrutinio, en la cual computaríamos los votos. Me surgen ganas de fotografiar dicho momento. Pero no tengo cámara y no pienso preguntar si alguien quiere fotografiar aquello. Comenzamos a abrir los sobres y a depositarlos sobre una mesa. Algunos sobres se anulan ya que no respetan las reglas generales de la votación.
Vamos computando en el pizarrón los votos para cada partido. Una vez finalizado el conteo, llega el momento de llenar las actas. La parte más difícil la tiene el presidente y su suplente, quienes deben llenar más de una planilla. Festejo el hecho de ser sólo un fiscal partidario. Hecho el papelerío, llamamos a la gente del correo, quienes observan el cierre de la urna, en donde se habían depositado nuevamente los sobres abiertos.
Felicito al presidente, al suplente, a un fiscal y me voy a casa, feliz.
jueves
Esencia

Nunca nombrarla, nunca.
Ni callarla siquiera.
Solamente crecer de sus raíces
con asombrado llanto.
Ser y morir tan solo
para justificarla
como naturaleza
y sumisa costumbre.
Madurará con pausa
y exactitud de necesaria estrella
y solo incertidumbres
me probarán su órbita,
su doloroso amor, su cumplimiento.
Será un desgarramiento
elemental, constante.
Desesperada espera
-lo sé- desesperada.
Y sin embargo, nada
persistirá más cierto
que su sabiduría,
que sus sencillas fiestas.
Como el rosal seguro de la rosa.
Y yo seré la sombra
de su florecimiento,
yo viviré acatando
su voz y su silencio,
en indefensa tierra,
irrenunciablemente.
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