te quiero cuando cerrás los ojos porque así puedo ver dentro tuyo y no tener que marearme contando pájaros
......................................................................................................................
y si me besás yo podría bailar y cantar alrededor de trampolines verdes y azules
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porque roja es la miel que te rodea cuando nos bañamos en algodón rosado con mucha manteca
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y no puedo mirar otra cosa que el océano manchado de hermosas cosas grises que flotan dentro y no se qué
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y cabezas de rinoceronte azulado bajan por las praderas del este a caballo porque no puedo bailar con ella
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ya no puedo mirarte cuando descansás bajo la luna celeste que nos cura y nos adormece en el campo gris de mi vida
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pueda girar sin compromisos matrimoniales o fúnebres ?
miércoles
Dos personas
Un hombre. Una mujer.
Solos en sus circunstancias.
Llega el día en el que se cruzan.
Se encuentran y no dejan de mirarse. Se pierden. Se marean.
Podríamos decir que se funden en el otro, en una vorágine de respuestas sin preguntas. Podríamos decir que estaban destinados a sucederse, a llegarse.
Podríamos decir.
Podríamos decir que la pareja se encontró en la plaza Miserere. O en Plaza San Martín.
Pero podrían haberse encontrado en otra plaza. O en una terminal de ómnibus.
Tal vez viajando hacia el Uruguay. O hacia Chile. O volviendo a Buenos Aires.
También podrían no cruzarse.
Porque se bajó una parada antes. Porque dejó pasar el momento. Por vergüenza. Por pudor. Porque alguien no quiso. Por media hora. Porque no quiso esperar más. Por miedo.
Por no jugarse.
Aunque también, si se encontraran, podrían reconocerse.
Podrían suponer que ya se conocen.
Podrían sospechar haber vivido toda una eternidad juntos.
Podrían besarse.
Sentir cómo fluye la sangre por sus cuellos. Apretarse. Pelearse. Podrían volverse locos. Y perderse. Embrujarse. Dejarse. Confiarse. Prometerse. Imaginarse.
Encontrarse.
Solos en sus circunstancias.
Llega el día en el que se cruzan.
Se encuentran y no dejan de mirarse. Se pierden. Se marean.
Podríamos decir que se funden en el otro, en una vorágine de respuestas sin preguntas. Podríamos decir que estaban destinados a sucederse, a llegarse.
Podríamos decir.
Podríamos decir que la pareja se encontró en la plaza Miserere. O en Plaza San Martín.
Pero podrían haberse encontrado en otra plaza. O en una terminal de ómnibus.
Tal vez viajando hacia el Uruguay. O hacia Chile. O volviendo a Buenos Aires.
También podrían no cruzarse.
Porque se bajó una parada antes. Porque dejó pasar el momento. Por vergüenza. Por pudor. Porque alguien no quiso. Por media hora. Porque no quiso esperar más. Por miedo.
Por no jugarse.
Aunque también, si se encontraran, podrían reconocerse.
Podrían suponer que ya se conocen.
Podrían sospechar haber vivido toda una eternidad juntos.
Podrían besarse.
Sentir cómo fluye la sangre por sus cuellos. Apretarse. Pelearse. Podrían volverse locos. Y perderse. Embrujarse. Dejarse. Confiarse. Prometerse. Imaginarse.
Encontrarse.
fonético
en todo alrededor
en busca de si
sigue siendo constante
de siempre circunferencia
tres veces tres
junta tréboles para ser
a la vuelta igual
suspiros trasnoche hoy
porqué no / viento sí
sí, sigue, siempre, ser
continúo para remitir
un sonido bien escuchar
infinitivo infinito
mejor salir a ver
mejor es nunca permanecer
cambiar para volver
verbo verbal vierte
velando por él / nada o todo. ya
en busca de si
sigue siendo constante
de siempre circunferencia
tres veces tres
junta tréboles para ser
a la vuelta igual
suspiros trasnoche hoy
porqué no / viento sí
sí, sigue, siempre, ser
continúo para remitir
un sonido bien escuchar
infinitivo infinito
mejor salir a ver
mejor es nunca permanecer
cambiar para volver
verbo verbal vierte
velando por él / nada o todo. ya
lunes
Un día como fiscal partidario
Suena 6.25 el reloj despertador. El remís llega a casa 7.15. Tengo que estar a las 7.30 en Zorroaquín y De Pratti, una ignota esquina del barrio bonaerense de Villa Martelli.
Llegamos a horario, luego de haber consultado junto al remisero la guía Filcar en más de una oportunidad.
Me encuentro con mi fiscal general, un hombre afable, de mediana estatura, cabello gris y ojos agrandados por los lentes de sus anteojos. Me guía hacia mi mesa, la “182”, en donde deberé quedarme durante toda la jornada.
Ni el presidente de mesa ni el suplente habían llegado. Sólo rondaban a esas horas los fiscales generales de los principales partidos políticos, la gente del correo -quien se encarga de trasladar las urnas hacia los colegios y llevarlas una vez terminada la votación- y un par de jóvenes militares, vestidos de verde, cargando sus reglamentarias ametralladoras.
Luego pensaría cuáles serían las órdenes que aquellos jóvenes militares habían recibido especialmente para el día de los comicios. Si sus superiores llegaron a impartirles órdenes para que, dada determinada situación, comenzaran a ametrallar obedientemente a los votantes, por ejemplo.
Espero unos minutos. Llega el presidente, luego el suplente. Comienzan a investigar la bolsa reglamentaria que les dio el correo. Investigan la urna. Todo parece ser complicado. El padrón original no aparece. El presidente se fija en el instructivo qué es lo que debe hacer. Pero lentamente, todo va tomando lugar.
Una vez depositadas las boletas en las mesas del cuarto oscuro, cerrada la urna con la faja de seguridad, se da por comenzada la jornada de votación en la “182”. Creo que empezamos a horario, a las ocho de la mañana.
Ya existe una fila de aproximadamente ocho personas esperando por votar. Algunos son conductores de ambulancias, que deben votar rápido ya que se encuentran trabajando.
Pasan las primeras horas de la mañana. Algunos fiscales generales se apiadan de nosotros y nos convidan con café y medialunas. Yo acepto amablemente facturas de parte de una fiscal general de otro partido político.
Tengo sueño. A causa de los nervios de haberme propuesto como fiscal partidario me costó conciliar el sueño la noche anterior. A dicha realidad se suma el temprano horario en el cual me tuve que despertar.
Llega el mediodía. Aparece el hambre. Comienzo a demandarle comida a mi fiscal general. Él me dice que está llegando. Un fiscal me convida medio sándwich de milanesa. Más tarde, llega mi almuerzo.
Varias personas asisten a votar con un barbijo, atemorizadas por la famosa gripe porcina. Algunos se tapan la boca con sus bufandas. El temor al contagio es mayor en la planta baja, en donde votan las mujeres. Por momentos entro en la paranoia general y me pregunto a mí si siento los síntomas de dicha enfermedad pero pronto me contesto que no, que sólo tengo bastante sueño por no haber dormido lo suficiente la noche anterior.
La fiscalización en sí es fácil. La primera etapa consta de tildar con una cruz los ciudadanos que votan.
Sólo anulamos los votos de tres votantes, los cuales habían traído como DNI un pedazo de papel insignificante, parecido a papiros pasados por agua.
El total de votantes de nuestra lista, conformada por apellidos que empezaban con la letra “R”, es de 350. Concurrieron a votar unos 264 votantes. Faltaron aproximadamente 90. Luego me enteré que la concurrencia de votantes mujeres fue mayor.
Llegan las últimas horas. El cansancio es un poco mayor pero también lo es la felicidad de la proximidad del fin de la votación. Votamos nosotros, los fiscales.
Llegan los últimos votantes. Se cierra el colegio para el escrutinio de los votos. Aplaudimos por el final de la votación.
Nuevamente, el presidente de mesa comienza a investigar cómo debe proceder. Contabilizamos cuántos ciudadanos del total de nuestro padrón votaron. Pasamos el presidente de mesa, el suplente y los fiscales al cuarto oscuro. Allí, abrimos la urna, depositamos los sobres en pilas de diez unidades y los contamos. Comprobamos que existe un sobre menos de la cifra de la suma de los votantes. Lo contabilizamos como una diferencia. Pero más tarde no computaríamos dicha diferencia.
Comenzamos a dibujar en el pizarrón una réplica del acta de escrutinio, en la cual computaríamos los votos. Me surgen ganas de fotografiar dicho momento. Pero no tengo cámara y no pienso preguntar si alguien quiere fotografiar aquello. Comenzamos a abrir los sobres y a depositarlos sobre una mesa. Algunos sobres se anulan ya que no respetan las reglas generales de la votación.
Vamos computando en el pizarrón los votos para cada partido. Una vez finalizado el conteo, llega el momento de llenar las actas. La parte más difícil la tiene el presidente y su suplente, quienes deben llenar más de una planilla. Festejo el hecho de ser sólo un fiscal partidario. Hecho el papelerío, llamamos a la gente del correo, quienes observan el cierre de la urna, en donde se habían depositado nuevamente los sobres abiertos.
Felicito al presidente, al suplente, a un fiscal y me voy a casa, feliz.
Llegamos a horario, luego de haber consultado junto al remisero la guía Filcar en más de una oportunidad.
Me encuentro con mi fiscal general, un hombre afable, de mediana estatura, cabello gris y ojos agrandados por los lentes de sus anteojos. Me guía hacia mi mesa, la “182”, en donde deberé quedarme durante toda la jornada.
Ni el presidente de mesa ni el suplente habían llegado. Sólo rondaban a esas horas los fiscales generales de los principales partidos políticos, la gente del correo -quien se encarga de trasladar las urnas hacia los colegios y llevarlas una vez terminada la votación- y un par de jóvenes militares, vestidos de verde, cargando sus reglamentarias ametralladoras.
Luego pensaría cuáles serían las órdenes que aquellos jóvenes militares habían recibido especialmente para el día de los comicios. Si sus superiores llegaron a impartirles órdenes para que, dada determinada situación, comenzaran a ametrallar obedientemente a los votantes, por ejemplo.
Espero unos minutos. Llega el presidente, luego el suplente. Comienzan a investigar la bolsa reglamentaria que les dio el correo. Investigan la urna. Todo parece ser complicado. El padrón original no aparece. El presidente se fija en el instructivo qué es lo que debe hacer. Pero lentamente, todo va tomando lugar.
Una vez depositadas las boletas en las mesas del cuarto oscuro, cerrada la urna con la faja de seguridad, se da por comenzada la jornada de votación en la “182”. Creo que empezamos a horario, a las ocho de la mañana.
Ya existe una fila de aproximadamente ocho personas esperando por votar. Algunos son conductores de ambulancias, que deben votar rápido ya que se encuentran trabajando.
Pasan las primeras horas de la mañana. Algunos fiscales generales se apiadan de nosotros y nos convidan con café y medialunas. Yo acepto amablemente facturas de parte de una fiscal general de otro partido político.
Tengo sueño. A causa de los nervios de haberme propuesto como fiscal partidario me costó conciliar el sueño la noche anterior. A dicha realidad se suma el temprano horario en el cual me tuve que despertar.
Llega el mediodía. Aparece el hambre. Comienzo a demandarle comida a mi fiscal general. Él me dice que está llegando. Un fiscal me convida medio sándwich de milanesa. Más tarde, llega mi almuerzo.
Varias personas asisten a votar con un barbijo, atemorizadas por la famosa gripe porcina. Algunos se tapan la boca con sus bufandas. El temor al contagio es mayor en la planta baja, en donde votan las mujeres. Por momentos entro en la paranoia general y me pregunto a mí si siento los síntomas de dicha enfermedad pero pronto me contesto que no, que sólo tengo bastante sueño por no haber dormido lo suficiente la noche anterior.
La fiscalización en sí es fácil. La primera etapa consta de tildar con una cruz los ciudadanos que votan.
Sólo anulamos los votos de tres votantes, los cuales habían traído como DNI un pedazo de papel insignificante, parecido a papiros pasados por agua.
El total de votantes de nuestra lista, conformada por apellidos que empezaban con la letra “R”, es de 350. Concurrieron a votar unos 264 votantes. Faltaron aproximadamente 90. Luego me enteré que la concurrencia de votantes mujeres fue mayor.
Llegan las últimas horas. El cansancio es un poco mayor pero también lo es la felicidad de la proximidad del fin de la votación. Votamos nosotros, los fiscales.
Llegan los últimos votantes. Se cierra el colegio para el escrutinio de los votos. Aplaudimos por el final de la votación.
Nuevamente, el presidente de mesa comienza a investigar cómo debe proceder. Contabilizamos cuántos ciudadanos del total de nuestro padrón votaron. Pasamos el presidente de mesa, el suplente y los fiscales al cuarto oscuro. Allí, abrimos la urna, depositamos los sobres en pilas de diez unidades y los contamos. Comprobamos que existe un sobre menos de la cifra de la suma de los votantes. Lo contabilizamos como una diferencia. Pero más tarde no computaríamos dicha diferencia.
Comenzamos a dibujar en el pizarrón una réplica del acta de escrutinio, en la cual computaríamos los votos. Me surgen ganas de fotografiar dicho momento. Pero no tengo cámara y no pienso preguntar si alguien quiere fotografiar aquello. Comenzamos a abrir los sobres y a depositarlos sobre una mesa. Algunos sobres se anulan ya que no respetan las reglas generales de la votación.
Vamos computando en el pizarrón los votos para cada partido. Una vez finalizado el conteo, llega el momento de llenar las actas. La parte más difícil la tiene el presidente y su suplente, quienes deben llenar más de una planilla. Festejo el hecho de ser sólo un fiscal partidario. Hecho el papelerío, llamamos a la gente del correo, quienes observan el cierre de la urna, en donde se habían depositado nuevamente los sobres abiertos.
Felicito al presidente, al suplente, a un fiscal y me voy a casa, feliz.
jueves
Esencia

Nunca nombrarla, nunca.
Ni callarla siquiera.
Solamente crecer de sus raíces
con asombrado llanto.
Ser y morir tan solo
para justificarla
como naturaleza
y sumisa costumbre.
Madurará con pausa
y exactitud de necesaria estrella
y solo incertidumbres
me probarán su órbita,
su doloroso amor, su cumplimiento.
Será un desgarramiento
elemental, constante.
Desesperada espera
-lo sé- desesperada.
Y sin embargo, nada
persistirá más cierto
que su sabiduría,
que sus sencillas fiestas.
Como el rosal seguro de la rosa.
Y yo seré la sombra
de su florecimiento,
yo viviré acatando
su voz y su silencio,
en indefensa tierra,
irrenunciablemente.
Terapias
martes
En frente de mi casa, de donde vivo, algunas noches, hay un hombre de mediana edad que llega y comienza a llamar a una chica llamada Celeste.
Tal vez, antes de comenzar a llamarla, a gritarle, él intenta comunicarse con ella mediante el teléfono. Y debido a los posibles rechazos telefónicos, él acude a donde ella vive para llamarla personalmente y ya, desesperadamente.
Intuyo que entre ambos tuvieron una hija o un hijo, no estoy seguro. Posiblemente ella se encarga de cuidar a la criatura y él tenga prohibido acercarse al niño o niña. Tal vez, él lleve a cuestas alguna condena penal o su conducta de todos los días roce lo delictivo.
De todas formas, este tipo de sucesos no dejan de asombrarme. Porque, en primer lugar, suceden a la noche. No suceden durante el día, cuando normalmente la mayoría de las personas buscan resolver sus problemas. Posiblemente, él postergue su inconveniente hasta algún momento de la noche, hasta algún momento de alguna noche en el que dice “basta”. Y entonces acude a su novia, a su ex novia, a su amiga o su enemiga.
Él merodea la casa donde vive ella durante un tiempo asombrosamente prolongado. Lo hace como un perro o como un gato, que no se cansa de esperar a su amo. Y le grita, no muy fuerte, para no despertar su ira; “Celeste”, “Celeste”.
La intransigencia de ella ante él también me asombra, desde el punto de vista de un hombre. Me asombra la capacidad de ella en enfrentar al problema. De enfrentar al pasado, tal vez. Podría ser dura, Celeste. Podría ser amarga. Podría no guardar sentimientos. Pero ignoro el motivo por el cual ella desiste de sus llamados. De saber la causa, tal vez sería lógico pensar en la forma en la que actúa Celeste.
Posiblemente no todos sean así pero, de repente, tengo la imagen mental de que todos los hombres se aferran al pasado y de que todas las mujeres mantienen un frío control de sus sentimientos. O, al menos, de que la duda es mínima en ellas. Que pueden decir cuando algo se acabó por completo y asumir el sentimiento y la decisión en el mismo acto.
Tal vez, antes de comenzar a llamarla, a gritarle, él intenta comunicarse con ella mediante el teléfono. Y debido a los posibles rechazos telefónicos, él acude a donde ella vive para llamarla personalmente y ya, desesperadamente.
Intuyo que entre ambos tuvieron una hija o un hijo, no estoy seguro. Posiblemente ella se encarga de cuidar a la criatura y él tenga prohibido acercarse al niño o niña. Tal vez, él lleve a cuestas alguna condena penal o su conducta de todos los días roce lo delictivo.
De todas formas, este tipo de sucesos no dejan de asombrarme. Porque, en primer lugar, suceden a la noche. No suceden durante el día, cuando normalmente la mayoría de las personas buscan resolver sus problemas. Posiblemente, él postergue su inconveniente hasta algún momento de la noche, hasta algún momento de alguna noche en el que dice “basta”. Y entonces acude a su novia, a su ex novia, a su amiga o su enemiga.
Él merodea la casa donde vive ella durante un tiempo asombrosamente prolongado. Lo hace como un perro o como un gato, que no se cansa de esperar a su amo. Y le grita, no muy fuerte, para no despertar su ira; “Celeste”, “Celeste”.
La intransigencia de ella ante él también me asombra, desde el punto de vista de un hombre. Me asombra la capacidad de ella en enfrentar al problema. De enfrentar al pasado, tal vez. Podría ser dura, Celeste. Podría ser amarga. Podría no guardar sentimientos. Pero ignoro el motivo por el cual ella desiste de sus llamados. De saber la causa, tal vez sería lógico pensar en la forma en la que actúa Celeste.
Posiblemente no todos sean así pero, de repente, tengo la imagen mental de que todos los hombres se aferran al pasado y de que todas las mujeres mantienen un frío control de sus sentimientos. O, al menos, de que la duda es mínima en ellas. Que pueden decir cuando algo se acabó por completo y asumir el sentimiento y la decisión en el mismo acto.
viernes

relaciones tímidas
reacciones mínimas
un look básico, oscuro, rockero y nuevamente mínimo
una ciudad opresiva que provoca un repliegue al foro más íntimo de cada individuo
es tal vez por causas económicas y/o sociológicas ?
no se crece porque existe una limitación interna o, en todo caso, porque es externa ?
volver a la infancia como malestar cultural propio de una sociedad que frena el desarrollo vocacional de la juventud.
volver a la infancia como estrategia. como defensa ante la ausencia de posibilidades.
o, tal vez, experimentar una suave melancolía con la cual deberemos aprender a convivir hasta que en algún momento se abra una nueva puerta, un nuevo territorio, que nos brinde nuevas formas de sentir y de pensar.
cómo aspirar a crecer cuando todas las puertas se cierran ?
la confianza debe estar en uno, ya que el entorno no la ofrece.
esa es la consecuencia del modelo neoliberal ?
uno poco de cine, un poco de antropología, tal vez constituyen las bases de estos pensamientos.
tras haber visto Excursiones, última película de Ezequiel Acuña y tras haber leído algunos pasajes de La Sociedad Excluyente de Maristella Svampa.
mi interés sobre todo es recomendar la película, la cual se exhibe por estos días en la decimoprimera edición del Bafici.
saludos a todos ustedes, lectores invisibles.
reacciones mínimas
un look básico, oscuro, rockero y nuevamente mínimo
una ciudad opresiva que provoca un repliegue al foro más íntimo de cada individuo
es tal vez por causas económicas y/o sociológicas ?
no se crece porque existe una limitación interna o, en todo caso, porque es externa ?
volver a la infancia como malestar cultural propio de una sociedad que frena el desarrollo vocacional de la juventud.
volver a la infancia como estrategia. como defensa ante la ausencia de posibilidades.
o, tal vez, experimentar una suave melancolía con la cual deberemos aprender a convivir hasta que en algún momento se abra una nueva puerta, un nuevo territorio, que nos brinde nuevas formas de sentir y de pensar.
cómo aspirar a crecer cuando todas las puertas se cierran ?
la confianza debe estar en uno, ya que el entorno no la ofrece.
esa es la consecuencia del modelo neoliberal ?
uno poco de cine, un poco de antropología, tal vez constituyen las bases de estos pensamientos.
tras haber visto Excursiones, última película de Ezequiel Acuña y tras haber leído algunos pasajes de La Sociedad Excluyente de Maristella Svampa.
mi interés sobre todo es recomendar la película, la cual se exhibe por estos días en la decimoprimera edición del Bafici.
saludos a todos ustedes, lectores invisibles.
martes
mis compañías
vivo solo. pero no vivo solo
convivo
vivo con álguienes
son mis pensamientos
fantasmas
miedos
esperanzas
fracasos
son mis aspiraciones
anhelos
pero mis compañías pensamientos
son circulares
circulan dentro mi casa prisión
y dan vueltas en círculo
matándose
oponiéndose
anulándose
exterminándose
sólo al salir del caracol casa prisión
ellas ellos cambian
se transforman
divergen
diferencian
agrandan
colorean
contornean
es asombroso
fabuloso
genial
cómo hay ciertos pensamientos en algunas casa caracoles prisiones
y ciertos otros pensamientos en otros lugares situaciones localizaciones
la clave
reside
entonces
en pasar saltar sortear
de un lugar al otro
contínuamente sin descanso
para que las compañías fantasmas miedos
no se coman en círculo ronda complot
durante los ocasos de nuestros días
.
.
.
convivo
vivo con álguienes
son mis pensamientos
fantasmas
miedos
esperanzas
fracasos
son mis aspiraciones
anhelos
pero mis compañías pensamientos
son circulares
circulan dentro mi casa prisión
y dan vueltas en círculo
matándose
oponiéndose
anulándose
exterminándose
sólo al salir del caracol casa prisión
ellas ellos cambian
se transforman
divergen
diferencian
agrandan
colorean
contornean
es asombroso
fabuloso
genial
cómo hay ciertos pensamientos en algunas casa caracoles prisiones
y ciertos otros pensamientos en otros lugares situaciones localizaciones
la clave
reside
entonces
en pasar saltar sortear
de un lugar al otro
contínuamente sin descanso
para que las compañías fantasmas miedos
no se coman en círculo ronda complot
durante los ocasos de nuestros días
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domingo
Infección (extracto)
"Me odio, por no saber encontrar mi misión verdadera. Por eso me odio... y a ustedes les importa?
Si, odio todo esto, todo eso, todo. Y lo odio porque lucho por conseguirlo, unas veces puedo vencer, otras no. Por eso lo odio, porque lucho por su compañía. Lo odio porque odiar es querer y aprender a amar. Me entienden? Lo odio, no he aprendido a amar, y necesito de eso. Por eso, odio a todo el mundo, no dejo de odiar a nadie, a nada...
a nada
a nadie
sin excepción!"
Andrés Caicedo.
Si, odio todo esto, todo eso, todo. Y lo odio porque lucho por conseguirlo, unas veces puedo vencer, otras no. Por eso lo odio, porque lucho por su compañía. Lo odio porque odiar es querer y aprender a amar. Me entienden? Lo odio, no he aprendido a amar, y necesito de eso. Por eso, odio a todo el mundo, no dejo de odiar a nadie, a nada...
a nada
a nadie
sin excepción!"
Andrés Caicedo.
viernes
Homenaje al contemporáneo y vernáculo escritor Pedro Mairal
TAN LEJOS DE LOS DIOSES
El hombre, tan omnívoro y callado,
metiéndose en la ropa, atravesando
hileras de botones que se abren
o patíbulos, puertas o tristezas,
bajando en ascensores al invierno,
bostezando, subiendo a colectivos
que pegan coletazos de colores
en todas las esquinas, detestando,
viajando entre sus prójimos lejanos,
tan frágil, vertical, embotellado,
tan buscador, tan lejos de los dioses,
trasnochado mamífero embustero
que emana de la boca de los subtes,
que fuma, tan mendigo del asombro,
tan rey cuando le lustran los zapatos,
tan peatonal y bípedo sin cielo,
regresando con tráfico en las venas,
cautivo en geometrías y bullicio,
soñando alcantarillas, despertando.
Tan asfáltico, el hombre, tan urbano.
Pedro Mairal.
El hombre, tan omnívoro y callado,
metiéndose en la ropa, atravesando
hileras de botones que se abren
o patíbulos, puertas o tristezas,
bajando en ascensores al invierno,
bostezando, subiendo a colectivos
que pegan coletazos de colores
en todas las esquinas, detestando,
viajando entre sus prójimos lejanos,
tan frágil, vertical, embotellado,
tan buscador, tan lejos de los dioses,
trasnochado mamífero embustero
que emana de la boca de los subtes,
que fuma, tan mendigo del asombro,
tan rey cuando le lustran los zapatos,
tan peatonal y bípedo sin cielo,
regresando con tráfico en las venas,
cautivo en geometrías y bullicio,
soñando alcantarillas, despertando.
Tan asfáltico, el hombre, tan urbano.
Pedro Mairal.
domingo
.
.
.
.
cierto temor al momento de oscuridad
cierto temor al momento de cerrarse
hay cierto temor en la noche
cuando uno se deja
lo dejan
cuando se deja
y cierto temor resurge como los días pasados
cierto nudo se envuelve y nos deja
sin tranquilos
para poder seguir la rutina de los días
cierto malestar que se arrastra no deja pasar la cabeza
cierta certidumbre a ponernos inciertos y pequeños
vestirnos con talco ayuda o ayudaba
pero cierto temor cierta sospecha de un corazón con síncopa adviene
y tarda en irse
.
.
.
.
.
.
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cierto temor al momento de oscuridad
cierto temor al momento de cerrarse
hay cierto temor en la noche
cuando uno se deja
lo dejan
cuando se deja
y cierto temor resurge como los días pasados
cierto nudo se envuelve y nos deja
sin tranquilos
para poder seguir la rutina de los días
cierto malestar que se arrastra no deja pasar la cabeza
cierta certidumbre a ponernos inciertos y pequeños
vestirnos con talco ayuda o ayudaba
pero cierto temor cierta sospecha de un corazón con síncopa adviene
y tarda en irse
.
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jueves
No sabe que hacer con su libertad ?
.
.
Cansado de tanto tedio y abulia ?
.
Desorientado ante el vertiginoso exceso de estímulos ?
.
Ofuscado ante la total falta de valores ?
.
Perdido por la falta de justificaciones a partir de las cuales luchar ?
.
Perdido, una vez más, ante la asombrosa ausencia de sentido en este mundo ?
.
.
Cansado de tanto tedio y abulia ?
.
Desorientado ante el vertiginoso exceso de estímulos ?
.
Ofuscado ante la total falta de valores ?
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Perdido por la falta de justificaciones a partir de las cuales luchar ?
.
Perdido, una vez más, ante la asombrosa ausencia de sentido en este mundo ?
martes
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